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La fauna mayor de los Pirineos
Los animales que habitan o han habitado los Pirineos |
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por Georges González, Doctor en Biología del Comportamiento en el Instituto de
Investigación de los mamíferos (Laboratorio INRA). Miembro del consejo científico
regional de Midi-Pyrénées. |
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Por consiguiente, no será fácil para el excursionista poco sagaz observar las
especies caraterísticas. También el jabalí, que
abunda por todas partes, manifiesta una "timidez" que garantiza su
supervivencia. Tras la última guerra, la proliferación de armas de fuego utilizó casi
razones de todo tipo para abastecerse de un buen guiso. En los años 50, cazadores y
protectores, cada uno a su manera, intentaron remediar esta situación. Así, la suelta de
caza y la creación de zonas protegidas han permitido la recolonización de ciertos
parajes por el ciervo y la
gamuza, o el musmón de Córcega. Este ex
carnero abandonado por el hombre ha podido reanudar con sus orígenes salvajes. Podemos
observar musmones no lejos de las viviendas en los parajes del puerto de Puymaurens y en
el macizo de Hautes Pyrénées de Pibeste. |
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En cuanto a la cabra montesa, su indolencia le ha
causado su desaparición. Las paredes de las grutas son las únicas que dan testimonio de
su magnífica presencia en los Pirineos. Demasiado confiado en sus dotes de
"escalador", eficaz contra lobos y osos, no ha resistido a los años de caza
furtiva. La última hembra vive en el parque nacional español de Ordesa... El camino
balizado cruzará primero el bosque del Piamonte o bajo monte. Quizás, el visitante matutino
podrá observar a estos comedores de hierba que son la cabra montesa, el ciervo y el corzo. Estos últimos se confunden frecuentemente,
tomando al más pequeño (corzo) por la hembra del más grande (ciervo). Estos herbíboros
salvajes son las especies de grandes mamíferos que se desarrollan actualmente. |
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El corzo, más bien originario de la planicie, ha colonizado ya naturalmente los bosques
de montaña y se pueden encontrar en las zonas cerca de la cima. Para observarlos el mejor
periodo es aquel en el que pierden toda la prudencia para reproducirse. En este ámbito,
el ciervo se lleva la palma. Ciertos machos salen del bosque en pleno día para bramar y
hacerse destacar para atraer a las hembras.
El corzo, permanece fiel al abrigo de los árboles. Solo los ladridos pueden marcar su
inquietud frente a cualquier intrusión en su territorio. En agosto se tratará quizás de
un macho que corteja a una corza.En las lindes, por entre los últimos troncos quizá
desgarrados a golpe de cuernos, el visitante contemplará las cumbres. Han de atravesarse
todavía landas y praderas para alcanzar el mundo mineral, crestas y acantilados,
guardianes de las cimas, reino mineral desprovisto de vida. No nos engañemos, los
límites de la vida se nos escapan. Los más pacientes, o los más afortunados, podrán
observar las motas marrones en movimiento entre las rocas: una gamuza retrocediendo hacia
alturas más seguras. |
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Pero la gamuza que ramonea una minúscula planta en una grieta rocosa de un puerto cerca
de los 2.500 m, habrá pasado quizá todo el invierno y la primavera en un sombrío hayedo
abetal abrigándose de la caída de nieve. Ciertos guardas de parques conocen también
algunos machos que raramente abandonan la maleza, solo durante 2 a 3 semanas en otoño
para ir a cortejar a las hembras en el pasto, en la montaña. La reputación de fieras y
salvajes habitantes de las cimas atribuida a los "antílopes" de montaña no es
más que la consecuencia de una fuerte presión humana que apartó a toda la fauna salvaje
de los mejores lugares, reservados a las manadas domésticas.
Los restos de campos de caza puestos al día por los antropólogos prueban que las gamuzas
y las cabras montesas evolucionan mucho menos en altitud, cuando no temen más que al
diente del lobo, del lince o al tiro del cazador neolítico.
Bajo los árboles evolucionan otros huéspedes mucho menos míticos y misteriosos que los
cérvidos...
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El lince, animal discreto que firma sus cazas con
huellas muy regulares de canino sobre sus presas, está probablemente presente en la
cadena. Sin embargo, la experiencia muestra que la mejor protección se encuentra a menudo
en la discreción y el silencio... Si el lobo no es
un "inquilino oficial" de los Pirineos, los especialistas piensan que no es más
que una cuestión de tiempo. Un animal solo, que vino de los montes cántabros fue visto y
poco después abatido. El lobo sigue siendo un valor seguro en el bestiario de los miedos
inconscientes. El miedo que inspira el lobo comienza a desaparecer en el medio urbano,
pero renace en las regiones que recoloniza. |
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Por lo tanto, el regreso del lobo recuerda algunas verdades naturales. Contrariamente al
oso, aficionado a los vegetales durante ciertos periodos, el lobo es un carnívoro que
está obligado a matar para sobrevivir. Nos es difícil compartir con otros comedores de
carne, principalmente cuando lo que está en juego es tanto financiero como afectivo.
¿Quién podría reprochar al pastor querer a sus animales? Sin embargo, un lobo que caza
cruzando un rebaño sin vigilancia en lo que él considera como su propio ámbito tampoco
tiene porqué echarse atrás... |
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El oso, más considerado en nuestro bestiario, está
muy presente en los Pirineos. La población oriental (Alto-Garona) proviene de soltar 2
hembras y un macho "eslovenos". Tras algunos nacimientos, esta población es
más importante que el de los osos autóctonos que intentan sobrevivir entre los valles de
Aspe y de Ossau. En lo que se refiere a los habitantes, los problemas que se plantean son
similares a los de los lobos de los Alpes. El encuentro de un rebaño sin vigilancia en un
periodo donde el oso, omnívoro, consume carne, se saldará probablemente por un ataque
fatal a algunas ovejas. Una vez llegado a la cima, el excursionista extenuado, pero
satisfecho, puede meditar sobre los encuentros que le han acompañado en su periplo. Su
salida matutina ya no es ningún pesar. Los bosques, los pastos y los desprendimientos
guardan todavía sus misterios, pero él ha podido compartir algunos de ellos durante un
multifacético paseo.
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