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El Arte Románico en los Pirineos
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Introducción
La fe y el miedo En el siglo X, después de las
invasiones bárbaras, un soplo de fe cristiana avivado por el
terror al Año Mil atraviesa toda Francia La creación de
obispados, abadías y parroquias enraíza el poder de la
Iglesia, y según la célebre fórmula del cronista
medieval Raoul Le Glabre, "el país se cubre de un manto
blanco de iglesias".
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A la moda de Roma...
Arquitectos, albañiles, escultores y pintores recorren el
país de construcción en construcción y muestran sus
conocimientos a su paso. Los edificios se construyen entonces
según la moda de Roma o "more romana", un estilo
llamado "arte románico"… ¡desde el siglo XIX
solamente! Su sobriedad, que nos encanta hoy día, refleja los
límites y los progresos de la época. El principio es
sencillo: por su peso, la bóveda de piedra que sustituye los
antiguos armazones exige una nave estrecha, de muros gruesos y pocas
luces. Pero más allá de las leyes mecánicas, el
arte románico es también la expresión de un impulso
creador místico y de una imaginación llena de miedos.
Todos los diablos, quimeras y monstruos de piedra que adornan las
iglesias románicas traducen angustias enfocando con humor y
truculencias representaciones bíblicas según el
catecismo.
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En los Pirineos
Los Pirineos no quedan al margen de este gran movimiento, ya que lejos
de ser una barrera infranqueable, la montaña es un espacio rico
de intercambios comerciales y de comunicaciones. En toda la cadena (a
excepción del País Vasco) se levantan un centenar de
edificios religiosos, desde la iglesia monumental a la más
modesta capilla. Aunque es imposible presentar aquí el
conjunto de este patrimonio con una profusión inaudita, este
itinerario les propone algunos pasos en el camino del arte
románico hacia el descubrimiento de los altos lugares y de los
tesoros escondidos de los Pirineos.
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