ITINERARIO PREHISTORIA

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  La prehistoria en los Pirineos 

Introducción

La aportación de los Pirineos al conocimiento de la prehistoria es considerable, por la antigüedad de su poblamiento y la importancia de los vestigios que en ellos se descubrieron.
 

 


 
Los primeros habitantes de los Pirineos
El viaje en el tiempo empieza mucho antes de la prehistoria, dado que comienza en los yacimientos excepcionales de esqueletos y huevos fosilizados de dinosaurios de la Haute Vallée de l'Aude (alto valle del río Aude), que vivieron hace 70 millones de años en lo que entonces era una ciénaga tropical.

Después se formaron los Pirineos, en varias decenas de millones de años, y mucho tiempo después, los primeros hombres llegaron de África, hace un millón y medio de años. Naturalmente, decidieron habitar a lo largo de los ríos, en las tierras más bajas durante el avance de los glaciares, y arriba de las montañas en los periodos de menos inclemencias.

Así pues, las colinas de Corbières nos han aportado los restos de uno de los hombres europeos más viejos: el hombre de Tautavel, un Homo erectus de 400 000 años. Por otra parte, en el País Vasco se conservan importantes vestigios del Musteriense, de 80 000 años de edad. Además, dos parajes arqueológicos pirenaicos son de una riqueza tal que han dado su nombre a un periodo del Paleolítico: Aurignac, en la provincia de Haute-Garonne, al Auriñaciense (menos 60 000 años); y la inmensa caverna de Mas d'Azil, en la provincia de Ariège, al Aziliense (menos 9 000 años). Únicamente en Ariège existen varios centenares de cavidades, entre las cuales hay trece grutas ornamentadas. Algunas tienen dimensiones colosales, como Bédeilhac, o una longitud impresionante, como la gruta de Niaux, conocida mundialmente. La totalidad del macizo está lleno de verdaderos tesoros de la cultura de los Magdalenienses, los cazadores-recolectores que marcaron el apogeo de la civilización prehistórica, hace más de 13 000 años.

Un tesoro para los paleontólogos

Este patrimonio prehistórico no es frecuente, y tiene una calidad y una originalidad excepcionales. A lo largo de los Pirineos, el arte parietal se presenta bajo todas sus técnicas: pinturas, dibujos al trazo, gravados en arcilla y pared rocosa, manos pintadas y bajorrelieves. Más allá de de su belleza, estas obras son una fuente única de conocimiento sobre la fauna prehistórica: caballos, ciervos, osos, lobos, focas, serpientes, pájaros, felinos, bisontes... están representados en ellas.

En la industria de la piedra y el hueso, la riqueza de los descubrimientos es infinita: decenas de millares de sílex tallados, cuchillas, raspadores, pulidores, puntas de flecha, puntas de arpón en cuerno de reno, azagayas, agujas, punzones...

Este patrimonio frágil e inestimable está cuidadosamente preservado, con una verdadera preocupación por dejar los sitios abiertos al público y por consiguiente, hacer que el arte, las técnicas y los modos de vida de la prehistoria sean accesibles, lo que es una suerte.
 

 


 

 

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